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Camas.

2025

El bucle

Contratapa para el libro de Franco Fasoli dentro de la colección Mirabilia VOL 1

Tres veces pintó Van Gogh su dormitorio en Arles. Antes, envió un boceto por carta a su hermano: la cama, decía, llevaría el color de la manteca. Marta Minujín tenía poco más que 18 años cuando se mudó a París, solo acompañada por la convicción de ser artista. El colchón de la habitación que alquilaba fue su taller, su comedor, la mesa de su cocina y, finalmente, la obra que mostró e incendió en un baldío. En esa misma ciudad se conserva una cama deshecha pintada en acuarela por Delacroix, con las sábanas que cuelgan sensualmente hasta el borde del papel. El primero que pintó algo así habría sido el holandés Esaias Boursse, dos siglos antes. En un interior modesto dispuso una mujer que cocina al fuego, un bebé que duerme en la cuna y, en segundo plano, una cama con sus colchas cayendo en cascada al piso. La imagen parece referir a la vida como una orquestación de ritmos diversos. Las camas fueron un motivo central en la obra del joven Kuitca, a veces en contrapunto con los mapas. Unas eran el signo de lo más privado y los otros, de lo más público. Quizás un reflejo similar empujó a Franco Fasoli a fotografiar las camas que lo reciben mientras se desplaza por el mundo. O acaso la serie que aquí se recopila es producto de un hábito nostálgico, equiparable al de quién junta los cabellos que quedan sobre la almohada con la idea de hacerse una peluca. Contra el techo, la cama; contra la pared o la ventana: donde quepa. Entre dibujos de flores, diseños geométricos, o reproducciones con rostros. Cama tan propensa al diminutivo, camita, a ser la voz del viejo lunfardo, camucha. Manchón blanco en estancia oscura. Piedra fundacional del pueblo nuevo. Salón de invierno. Muro profano de los lamentos. Escondite infalible de las obligaciones. Barco de un río soterrado. Sala del tribunal del recuerdo. Estación para el loco. País del que anda lejos de casa. Compartida con los amantes, el gato, la valija revuelta. Para caer en el sueño con la ropa puesta y la luz prendida. Para mojarla con fiebre e incontinencia. Para perder las medias, para llenarla de migas y cenizas de tabaco. Para ponerle un cartel que indique "aquí durmió un Napoleón antes de conquistar el día siguiente". Cama, para desearla mientras se vuelve cansado en un tren nocturno; para morir en ella, sin dolor ni darse cuenta. 

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