Exhibición fundamental de arte en los libros de la poesía y la ficción
Co-curadora
LAR y Biblioteca América Elda Nancy
Buenos Aires y Rosario
2023
Exhibición fundamental de arte argentino en los libros de la poesía y la ficción se organiza alrededor de algunas formas de aparición del arte argentino encontradas en libros de factura industrial publicados en Argentina en el siglo XX. El énfasis en lo “fundamental” alude en este caso a los fundamentos, es decir, las bases que estos dispositivos editoriales sentaron en la tarea de estabilizar y diseminar un canon visual y literario para la nación. El sentido del libro como artefacto de la cultura material se tensiona entre dos polos. A la singularidad irreductible del libro ilustrado, del ejemplar que fue impreso con un defecto o el que lleva las marcas de su procedencia (el ex libris o los subrayados) se le opone la serialidad del objeto salido de una línea de montaje, uniformado con la misma impronta gráfica que otros libros de su colección o escabullido en la pluralidad del estante. Un libro es siempre éste libro que tengo en la mano y todos los libros iguales que están en las manos de otrxs lectorxs.
Las ilustraciones son testimonios visuales de una lectura: inscriben la impresión mental que una persona se formó acerca de lo que leyó. Comunicadas de una forma ostensible por unx lectorx singular, esas imágenes pueden producir correspondencias con el texto original, tal vez, el contrapunto, o bien, subvertir de lleno el sentido de las palabras. Como la lectura, las ilustraciones o las obras reproducidas en un libro también pueden ser interrupciones, dejar estampado su desacuerdo como un agujero en la página, inscribir su presencia en el papel sin que tenga importancia nada de lo que se dice a su alrededor.
La práctica de la ilustración se generalizó en la industria editorial argentina entre las décadas de 1930 y 1960, en sellos como Kraft o Peuser, en un momento de gran pujanza para el sector. Entendida como una continuidad de la identidad de lx artista que se presentaba con cuadros en galerías y salones, pequeñas viñetas o estampas a páginaentera ampliaban ese cuerpo de obra y lo hacían llegar al gran público. El mundo del trabajo se repartía de manera diferente a la actual: la industria del libro ofrecía una posibilidad laboral concreta para les artistas visuales. Para el público, esta dinámica tenía efectos en el volumen y tipo de imágenes disponibles y para les artistas, en la diversificación de espacios en los que se podía desplegar un estilo autoral.
Otro procedimiento que puso en relación la imaginación literaria con las producciones de artistas visuales no apeló a obras hechas ad hoc sino a un uso extrínseco de obras que ya existían. Durante la segunda mitad del siglo pasado, y aprovechando los avances técnicos de la imprenta, las imágenes “con firma de artista” fueron reproducidas por miles como parte de un programa de democratización cultural, emprendido de manera paradigmática por sellos como el Centro Editor América Latina. Los cuadros de pintorxs argentinxs se sobreimprimieron a colecciones de literatura para la clase media y agregaron, a la entrega periódica de los títulos, la posibilidad de un uso adicional: un cursillo en tapas sobre la historia de la pintura, la construcción por partes de una nacionalidad artística.
A partir de dos conjuntos heterogéneos la exhibición busca aproximarse a las memorias y los rizos afectivos que transportan los libros en el tiempo y los hacen llegar al presente ya leídos o coleccionados por otrxs en múltiples pasados. De este modo, la muestra trata también sobre algunas actitudes ante el libro: el apego que gasta, la distancia que destilan la solemnidad o el olvido, el despertar de una imaginación política que encuentra, en esos cuerpos, el lugar para una demora compartida.
Juan Cruz Pedroni y Belén Coluccio








